Ayer tuve la suerte, después de la insistencia de Miritich, de ver el nuevo documental de Wim Wenders (el mismo de Paris, Texas, Cielo sobre Berlín o ¡Tan lejos, tan cerca!) en 3D y VOSE. Pina es casi una declaración de amor del director a la obra de la bailarina y coreógrafa alemana Pina Bausch. Con una presentación intimista, se van sucediendo pieza tras pieza homenajes personales de cada uno de los actores de la vida de Pina; sin olvidar, por supuesto, sus grandes obras como Café Müller o Consagración de la primavera.

Me imagino a Pina como una casa. Una casa con un trastero grande y viejo lleno de cosas.
Con Pina, Win Wenders roza lo que esperamos que en un futuro sea el 3D. Un recurso técnico más al servicio del arte y no solo una herramienta de marketing comercial. Para que nos quede claro, la cinta del alemán se asemeja más al U2 3D que a Toy Story 3D. La técnica nos hace partícipes de la danza, como si fuésemos un bailarín más en el escenario. Además, la fotografía y las localizaciones nos hacen querer buscar referencias o hitos geográficos de lo que estamos viendo, para que al llegar a casa cojamos nuestra mochila y pillemos el primer avión que encontremos para poder vivir y sentir esos lugares de nuevo.
Si alguna vez has ido al teatro a ver algo de danza contemporánea. Si estás harto de la silla y la mesa que sale en todas las obras. Si solo has visto actuar a bailarines de veintipocos. Si te cansan los sonidos de la gota cayendo o del piano desafinado… Cuando veas la obra de Pina Bausch entenderás a quien intentan parecerse tantas y tantas compañías. Es una pena que la alemana nos dejara tan pronto.
Es obligado verla cuanto antes en 3D.
«Bailad, bailad. Si no estamos perdidos»

